LA COMUNICACIÓN II: ASERTIVIDAD Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS

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La comunicación es el mejor modo de intentar resolver los conflictos. Sin embargo todos hemos tenido la sensación de que hay ocasiones en que hablar sólo consigue agravar más las situación. Quizá sea por la falta de una habilidad esencial: la comunicación asertiva.

Comunicar de manera asertiva es la mejor forma de alcanzar el entendimiento y lograr la negociación con nuestros hijos.

La asertividad es una habilidad personal que nos permitirá comunicar nuestras emociones de una forma adecuada, sin hostilidad ni agresividad. Una persona asertiva sabe expresar adecuadamente sus opiniones y sentimientos  en cualquier situación.

Ser asertivo tiene mucho que ver con la autoafirmación personal, siginifica confiar en nosotros mismos, responsabilizarnos de nuestros sentimientos y emociones, de nuestros pensamientos y opiniones, para darlos a conocer a los demás de una manera firme y flexible a la vez.

 Para poder enseñar a nuestros hijos a ser asertivos en primer lugar debemos practicar la asertividad nosotros mismos. Hay que tener interés y paciencia, no es algo que se logre desarrollar en un día.

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Estos son algunas claves y consejos que debemos tener en cuenta a la hora de practicar la comunicación con nuestros hijos:

  • Una disponibilidad afectiva por nuestra parte favorecerá la calidad de la comunicación.
  • El adolescente necesita “practicar la dialéctica”, por lo que suelen buscar la discusión y el enfrentamiento. Comprender esto quizá evitará que nos irritemos con ellos y lograremos ser pacientes y receptivos con ellos.
  • Debemos tratar de encontrar el momento oportuno para hablar con nuestros hijos, no es un buen momento si estamos furiosos o cansados, es mejor dejarlo para otro ocasión.
  • Debemos tener en cuenta que para los adolescentes el respeto hacia sus ideas es fundamental, están construyendo su mundo intelectual, por tanto descalificar o menospreciar sus opiniones sólo conseguirá alejarnos de ellos.
  •  Tan importante como hablar es saber callar: la clave del saber escuchar está en intentar comprender el punto de vista de nuestros hijos.
  • Pedir perdón cuando sea necesario es un síntoma de madurez, valentía y honestidad que hará que nuestros hijos nos respeten. No debemos temer miedo a reconocer que nos hemos equivocado.
  • Es esencial que nos demos cuenta de que los problemas de nuestros hijos nunca son una tontería. Si les hace sufrir, es importante.
  • Siempre es mejor proponer que imponer, pero debemos encontrar un equilibrio entre la libertad y la responsabilidad. Ejerzamos la autoridad de padres, pero siempre ofreciendo nuestro apoyo y comprensión.
  • La comunicación es un ambiente que se crea y se respira. Para hablar con nuestros hijos necesitamos cercanía, amor y tiempo.

Si lograráramos pasar más tiempo con nuestros hijos seguramente nos sería más fácil saber qué les pasa para guiarles y aconsejarles.

 

Fuente consultada: MANUAL DIDÁCTICO para la ESCUELA de PADRES, publicado por la Generalitat Valenciana.

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LA COMUNICACIÓN I: LA ESCUCHA ACTIVA

Conversar sobre las cosas

A medida que los niños crecen se hace más fácil razonar con ellos y hablar de sus necesidades. Desde el mismo momento en que aprenden a comunicarse con palabras debemos animarles a que se expliquen, darles el tiempo necesario para ello y escuchar.

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Conversar con nuestros hijos les ayudará a pensar por sí mismos, por eso es tan importante darles tiempo para hablar, para que practiquen, aprendan y desarrollen el pensamiento.

A veces los padres cometemos el error de olvidar que la comunicación tiene dos partes: el que habla y el que escucha. Con frecuencia hablamos con ellos sólo para transmitirles reproches y sermones. Castigamos sus conductas inadecuadas sin prestar atención a las necesidades y a los “mensajes” que se encuentran detrás de esas conductas.

Mensajes ocultos

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Los niños y adolescentes suelen expresar de forma indirecta, a modo de actos, sus sentimientos. Podremos lograr una mejor relación con nuestros hijos si atendemos lo que nos quieren decir con esos códigos y enseñamos a nuestros sentidos a escuchar los mensajes no verbales.

Para conseguir una comunicación positiva con nuestros hijos será esencial desarrollar una habilidad básica en la comunicación humana: la escucha activa.

La escucha activa

La escucha activa tiene un principio básico: la aceptación.

La escucha activa es tratar de captar y entender lo que siente el otro y luego expresar con palabras lo que hemos entendido para que el otro nos lo verifique. La escucha activa no manda un mensaje propio, interpretativo,  sino que el “feed-back” que lanzamos es para decir lo que creemos que significa el mensaje del que habla: nada más ni nada menos.

La escucha activa es acertar con los sentimientos del otro y entender sus pensamientos, es la única forma de conectar con los adolescentes y de entrar en su mundo. Nos ayuda a transmitir a nuestros hijos que les comprendemos y respetamos.

Al practicar la escucha activa aprendemos a tener empatía, a ponernos en el lugar de nuestros hijos cuando hablan, imaginar cómo se sienten y los motivos o necesidades que les inducen a comportarse de un determinado modo. La empatía es la capacidad de hacer que la otra persona sienta que reconocemos sus sentimientos y respetamos sus motivos.

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Efectos beneficiosos de la escucha activa

1. Después de expresar los sentimientos y ser simplemente escuchados, estos tienden a desaparecer, o al menos se hacen más llevaderos.

2. Ayuda a que nuestros hijos tengan menos miedo de los sentimientos negativos (los sentimientos no son malos por sí mismos)

3. Promueve una relación cálida entre padres e hijos.

4. Ayuda a que los niños y adolescentes resuelvan sus problemas.

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Actitudes básicas que se deben tener para la escucha activa

 1. Deseo de escuchar. Disponibilidad de tiempo, si no se tiene hay que expresarlo. Luego buscarlo.

2. Deseo de ayudar, de enseñar.

3. Capacidad para aceptar los sentimientos de nuestros hijos.

4. Confianza en el niño.

5. Ser conscientes de que los sentimientos son transitorios, cambian.

6. Ver a nuestros hijos como alguien aparte de nosotros mismos, como seres humanos independientes.

 

Cuándo utilizar la escucha activa

1 . Cuando nuestros hijos tienen un problema:

– Los niños que encuentran ayuda para resolver sus problemas mantienen su equilibrio mental y continúan adquiriendo fuerza y confianza en sí mismos. Los que no la encuentran desarrollan problemas emocionales.

– Las frustraciones, confusiones, privaciones, intereses y hasta los fracasos son problemas que les pertenecen a ellos y no a nosotros los padres. (Los padres tendemos a hacer nuestros sus problemas).

– Es importante dejar en el niño o adolescente la responsabilidad de resolver el problema.

2. Cuando se habla de sentimientos.

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Fuente consultada: MANUAL DIDÁCTICO para la ESCUELA de PADRES, publicado por la Generalitat Valenciana.

NORMAS Y LÍMITES

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Enseñar a los niños las normas y los valores de convivencia es una de las muchas cosas que los padres tenemos que hacer a la hora de educar a nuestros hijos.

Las normas y los límites son reglas que determinan nuestro comportamiento, y nuestras relaciones sociales.

Cada periodo de la vida de nuestros hijos requiere de unas normas y de unos límites. No serán las mismas para un niño que para un adolescente y estas se irán estableciendo a medida que los niños avanzan en su desarrollo.

Los motivos para establecer normas y límites son muchos y diferentes: salud, seguridad, convivencia, valores morales…

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¿CÓMO DEBEN SER ESAS NORMAS Y LÍMITES?

Comprensibles: debemos dar instrucciones claras y precisas, los niños necesitan saber exactamente qué se espera de ellos.

Flexibles: para obtener la colaboración de nuestros hijos es importante tener en cuenta sus opiniones.  Sin embargo, escucharlos no significa que tengamos que estar de acuerdo con ellos. Algunas normas podemos establecerlas juntos, en otras debemos asumir nuestra responsabilidad de padres y establecerlas nosotros.  Además explicar el por qué de cada norma también ayudará, si nuestros hijos comprenden las razones de la norma será más fácil que las respeten.

Previsibles: Las normas deben ser establecidas antes de que puedan infringirse. Para poder cumplir los límites nuestros hijos deben conocerlos. Si creemos que nuestros hijos pueden haber olvidado una norma, es mejor recordársela antes de que surjan los problemas.

Positivas: Es mejor decir a nuestros hijos: “Puedes jugar a la pelota fuera de casa” en lugar de “no juegues dentro de casa a la pelota”.

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LA DISCIPLINA

La disciplina es una herramienta educativa que ayuda a corregir el mal comportamiento. Hay muchas razones por las que los niños se portan mal: inmadurez, desconocimiento, rebeldía, etc. Los padres tenemos que enseñar disciplina a nuestros hijos, necesitamos aclararles las consecuencias de su mal comportamiento y enseñarles a no repetir el mismo error.

En todo caso no hay que dramatizar, el mal comportamiento del niño no debe contemplarse a priori como un fracaso en el proceso educativo. Se trata de un aspecto más del desarrollo del niño hasta completar su madurez.

No debemos exigir a nuestros hijos que sean perfectos, como tampoco debemos exigirlo a nosotros mismos. La clave es darse cuenta de cuándo nos hemos equivocado, tratar de corregir y reflexionar sobre el problema y además pedir perdón si lo consideramos necesario.

Por otro lado los niños también cometen fallos. Debemos apoyarles y ayudarles a darse cuenta de ello y que aprendan a ser ellos mismos quienes traten de resolver estos problemas.

Algunos aspectos donde aplicar disciplina podrían ser:

La organización: Los niños pueden habituarse a poner las cosas en su sitio si estas tienen sitios establecidos adecuados. (Recuerde ser positivo: mejor decir “coloca los juguetes en su cajón” que “no dejes los juguetes tirados por ahí”) Pero además enseñar a los niños a practicar a recoger y a ordenar las cosas les enseña a hacerlo solos en el futuro.

 El tiempo: Los horarios establecidos ayudan a los niños a saber qué tienen que hacer y cuándo. Además el hábito hace que los niños se sientan seguros.  Aunque no debemos ser excesivamente rígidos, no debemos caer en la intransigencia. Cuando cambie el horario, tanto si es temporalmente o en una ocasión especial, debemos explicar claramente a nuestros hijos que son cambios excepcionales.

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Educar con el ejemplo es un instrumento estupendo para enseñar  a nuestros hijos disciplina, guiarles y corregir su comportamiento.

Pero también es un arma de doble filo, en el momento en que aparezcan contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace, nuestros hijos copiarán nuestros actos en lugar de nuestras palabras.

La limpieza y el aseo personal, el reconocimiento de los errores pidiendo disculpas, la sinceridad y el respeto son áreas en las que podemos dar ejemplo.

Pensemos qué modelo educativo queremos dar a nuestros hijos y obremos en consecuencia.

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NUESTROS HIJOS DIGITALES

La revolución digital es un hecho que debemos afrontar, es parte del mundo y, lo más importante, nuestros hijos viven con ella, algunos incluso nacieron con ella, es su entorno natural.

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Hace tiempo que la comunicación, el ocio y el trabajo, incluso la educación, utilizan las nuevas tecnologías digitales. Los niños de hoy tienen oportunidades que nosotros nunca tuvimos en nuestra educación; sin embargo también existen riesgos que los educadores y las familias debemos afrontar para ser capaces de ayudarles a adquirir una competencia digital (sin la cual podrían llegar a ser los nuevos analfabetos del futuro) y a utilizar adecuadamente lo que se ha dado en llamar las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), a través de un sistema coherente de valores y desarrollando hábitos saludables.

Los padres debemos asumir nuestro papel educativo preocupándonos de enseñar a nuestros hijos a usar toda esa información y conocimiento de manera responsable y segura.

Sabemos que para muchos padres esto supone un problema, es posible que ellos mismos aún no hayan tenido tiempo de familiarizarse del mismo modo que sus hijos con toda esta nueva tecnología. No hay que tener miedo, las TIC no son más que una herramienta que en sí misma no es ni buena ni mala, todo dependerá del uso que le demos.

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Los padres necesitamos conocer las TIC para decidir cómo queremos educar a nuestros hijos con respecto a ellas, no es necesario que sepamos usarlas en su mismo nivel, probablemente ellos podrían darnos muchas lecciones en ese sentido, pero lo que los padres debemos enseñar es qué hacer con las nuevas tecnologías, para qué utilizarlas y cómo hacerlo de un modo provechoso y seguro.

La Junta de Andalucía ha publicado una completísima guía para padres,“Educar para proteger”,  sobre la educación y las nuevas tecnologías. Os adelantamos algunas de sus claves:

1. Enséñales a integrar la tecnología como una faceta más de sus experiencias de interacción con otras personas. Cuidado con el consumo individualizado de las TIC, evita que caigan en el aislamiento. La sala de estar puede ser el sitio más adecuado para que disfruten de ellas, edúcales para que compartan su uso. No es recomendable que el juego individual aísle de la actividad social.

2. Fomenta una comunicación abierta y natural en torno a las TIC, pregúntales cada día: “¿qué has hecho hoy en Internet?”. Hazles saber que estamos ahí para asesorarles y ayudarles en cualquier momento, igual que lo hacemos en su relación con el mundo real.

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3. Negocia con ellos el tiempo y el horario de uso. Edúcales para la correcta gestión de su tiempo en relación con las TIC. Haz que adquieran compromisos, no sólo respecto al tiempo de uso, sino también respecto al momento del día en que pueden usarlas (por ejemplo después de hacer los deberes o de ordenar su habitación). Enséñales a priorizar lo que hacen y los contenidos que guardan.

4. Edúcales para un comportamiento ético al hacer uso de las TIC del mismo modo que lo harías en otras facetas de su vida, por ejemplo en el respeto a los demás o en el consumo consciente y sensato de la energía que utilizamos, que se acostumbren por ejemplo a no dejar el ordenador encendido cuando están fuera.

5. Enséñales a compartir información sólo con personas de confianza y a gestionar de forma responsable el correo electrónico y el móvil. Deben impedir facilitar el acceso a desconocidos, a publicidad no deseada y a contenidos inadecuados para los menores.

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6. Aunque nuestros hijos no tengan Internet en casa, no podemos evitar que accedan a Internet por sus propios medios y además impedir el acceso o pretender ignorar la existencia de las TIC supone una desventaja en el ámbito académico, el social, e incluso el laboral. Educar es la mejor manera de proteger a nuestros hijos. Espiarles o prohibirles el acceso a las TIC son sólo soluciones temporales que no darán frutos a largo plazo. Sólo ganaremos su desconfianza. 

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